Salud es el primer paso

24 de marzo de 2024, 7:52 p.m. • 7 minutos de lectura

Salud

En una sociedad donde la ganancia es más importante que el bien común, es imposible no toparse con alimentos adictivos que nos enganchan y nos convierten en consumidores de por vida.

En mi ciudad, hay al menos una tienda de barrio por cuadra, y no está mal porque es conveniente encontrar productos cerca de casa. El problema es que 90 por ciento de lo que venden en estas tiendas es basura: soda, papas fritas, galletas, queques, etc. Lo único rescatable son los huevos, queso, pescado enlatado y tal vez agua embotellada.

En los últimos años el número de licorerías se incrementó de forma alarmante. Es usual identificar estos establecimientos por la luz fluorescente púrpura encima de sus puertas o ventanas.

Hace poco tiempo, la empresa más grande de cerveza en Bolivia creó una franquicia de tiendas especializada en bebidas alcohólicas. El color de la franquicia es púrpura, y es evidente por qué se eligió ese color.

Los restaurantes de comida vegetariana no duran mucho tiempo. En primer lugar, porque a los consumidores no les interesa esa comida, y segundo porque el precio es elevado en comparación con otras opciones.

La comida frita abunda en las calles, los negocios de comida rápida surgen como hongos por toda la ciudad. No se trata de nutrición, sino de sabor. Se trata de vender lo que haga a la gente adicta. La comida adictiva gana siempre. Se escucha decir todo el tiempo, “en ese lugar hacen comida rica”, pero nunca “en ese lugar hacen comida nutritiva”.

Es inusual encontrar un negocio de comida rápida que no utilice aceites vegetales al granel, mejoradores de sabor como glutamato monosódico, o mejor conocido como Aji-nomoto, y excesivas cantidades de azúcar y sal.

Nuestra salud empieza a deteriorarse desde nuestros primeros años de escuela, si es que no ocurre antes en casa.

En los colegios se vende comida basura a los niños. El dinero del recreo se gasta en harina refinada, azúcar, grasa vegetal y sal en forma de galletas, pasteles, alfajores, etc.

La industria de alimentos procesados gasta millones de dólares al año para ocultar los efectos nocivos a la salud causados por sus productos, especialmente el del azúcar y grasa trans, todo para continuar generando ganancias.

En países desarrollados el problema tomó proporciones incontrolables. En Estados Unidos por ejemplo, 40 por ciento de la población es obesa.

1 billón de personas tiene obesidad a nivel global.

En muchas grandes ciudades, especialmente en barrios pobres es difícil encontrar mercados cerca de casa. A la escasez de mercados en un gran radio de distancia se le llama “desierto de comida” y son comunes en muchas partes del mundo.

Los supermercados son una versión en esteroides de las tiendas de barrio. Un porcentaje incluso mayor de productos son basura que incluye cereales para el desayuno, alcohol, galletas, soda, pizza congelada, helado, y un sinfín de productos enfocados en satisfacer el paladar que en cuidar el cuerpo.

Si descomponemos los ingredientes de la mayoría de productos, podemos contarlos con las manos: • Harina blanca refinada • Azúcar • Sal • Grasa vegetal hidrogenada • Aceite vegetal • Conservantes • Mejoradores de sabor • Saborizantes artificiales

Todos estos ingredientes, consumidos regularmente reducen nuestras posibilidades de salir de la matrix. Es como si en lugar de echarle gasolina a nuestro automóvil, le echáramos tierra, excremento y químicos corrosivos.

La claridad mental se logra alimentándonos con nutrientes que, en lugar de destruirnos, nos protejan y reparen el daño natural ocasionado por el paso del tiempo y las toxinas en el medio ambiente. Antes de interesarme por salud, no me importaba lo que ponía dentro de mi cuerpo. Torta, pollo frito, snacks fritos, soda.

En mi peor momento llegué a pesar 93 kilos. En ese punto no me sentía bien con mi cuerpo, pero tampoco sabía cómo se sentía estar saludable.

Si no hubiera investigado por mi cuenta, hoy seguiría alimentándome con basura. Por suerte, toqué fondo y decidí cambiar mi dieta y hacer ejercicio.

Cuando nos alimentos desde pequeños con sub alimentos, no sabemos lo que perdemos en términos de energía mental y física.

El aspecto más peligroso de los alimentos basura es que su efecto en la salud no puede identificarse inmediatamente. No es sino décadas después de consumir azúcar que la diabetes desencadena muchas otras enfermedades, y para algunas personas el daño es irreversible.

Cuando era pequeño solía ver en la televisión publicidad de soda, comida rápida, pasteles, y todo lo que las corporaciones de “basura” querían que consuma. No recuerdo haber visto nunca un reportaje en la televisión local sobre los daños a la salud que los productos procesados que salían en los comerciales causaban en los consumidores.

Nos mintieron y ocultaron la verdad porque cuando un periodista de verdad alguna vez cuestionó los productos tóxicos de las corporaciones y creó un reportaje que pondría en jaque a las corporaciones, se encontró con un rotundo “no” de los productores porque “si se habla mal de los auspiciadores, el dinero de publicidad deja de fluir”.

Hay ciertas cosas que no se pueden decir al público porque daña los intereses económicos de alguna corporación. Esas cosas conforman casi el 100 por ciento de lo opuesto de lo que nos hicieron creer toda nuestra vida.

“La verdad no se aprende en la escuela. Se la encuentra investigando por cuenta propia.”

Una de las razones por las que nos mantienen distraídos todo el tiempo es para que no encontremos la verdad. Es sorprendente que mucha información esté disponible en internet para quien tiene determinación y paciencia para encontrar lo que busca.

La percepción del mundo cambia cuando salimos a la calle y en lugar de encontrar una tienda de barrio, licorería, restaurante o supermercado, vemos “veneno, veneno, veneno, y más veneno”.

Lo mismo sucede cuando aprendemos sobre la manipulación de los medios de comunicación y su selección sesgada de noticias que casi siempre protege los intereses de sus dueños y auspiciadores. La película de 1988 “They Live” muestra cómo nuestra percepción del mundo cambia cuando tenemos las gafas de realidad puestas.

El primer paso para salir de la matrix es eliminar las toxinas acumuladas en nuestro cuerpo después de décadas de envenenarnos con los ingredientes mencionados antes, incluidos alcohol, tabaco o cualquier otra droga ilegal, pero pondría al cannabis como una excepción.

Para determinar qué drogas son malas para nuestro cuerpo, basta contar cuántas muertes cada sustancia provoca a nivel mundial. La nicotina se lleva el primer lugar con 8 millones al año, y el alcohol queda en un respetable segundo lugar, con 3 millones al año.

Estudios científicos muestran que la comida procesada nos deprime. En el peor de los casos, sentirnos deprimidos podría llevarnos a consumir medicamentos psiquiátricos.

Cuando se combina comida basura, alcohol, tabaco y drogas antidepresivas, es muy difícil salir del agujero, por eso es necesario prevenir llegar a ese punto al identificar el veneno y rechazarlo rotundamente.

Al decir la verdad sobre los alimentos basura al público, no solo se daña los intereses de las corporaciones de alimentos procesados y de comida rápida, sino también los de la industria farmacéutica, una industria que hace billones cada año por la venta de medicamentos para enfermedades crónicas causadas en casi su totalidad por alimentos basura.

Salud óptima es la primera y más importante llave para salir de la matrix. Con una mente y cuerpo funcionando al 100 por ciento podremos encarar cualquier obstáculo que la vida nos ponga, o cualquier meta que definamos para nosotros mismos.

Hacer ejercicio de forma regular, ya sea caminando todos los días, asistiendo al gimnasio o haciendo ejercicio en casa asegura el paso inicial para mejorar nuestras vidas y salir de la matrix.