¿Cuál es tu esencia?

17 de marzo de 2024, 7:47 p.m. • 5 minutos de lectura

Filosofía

Cuando conocemos a alguien por primera vez, es común que nos pregunten a qué nos dedicamos, y tendemos a responder con nuestra ocupación: “soy mecánico, financiero, vendedor de helados”, etc.

Tendemos a identificarnos con nuestros trabajos, y tiene sentido porque el trabajo representa una gran parte de nuestras vidas. Pasamos un tercio de nuestras vidas trabajando.

¿Se reduce la vida a trabajar? ¿Vinimos a esta tierra a trabajar?

Identificarnos con nuestros trabajos es una definición cerrada de quiénes somos. Incluso identificarnos como seres humanos simplifica el problema del “yo”.

Para quienes no hicieron mucha introspección, el “yo” se reduce al aspecto biológico. A primera impresión tiene sentido identificarnos con lo que hacemos la mayoría del tiempo y con nuestro cuerpo, ¿pero eso es todo?

Entrando al ámbito místico y espiritual, encontramos definiciones más amplias de nuestra identidad. Leí varios libros de David Icke, un investigador de conspiraciones, y me gusta su definición de quiénes somos los humanos realmente. Según Icke, todos formamos parte de una misma consciencia, pero tenemos experiencias diferentes de acuerdo con el cuerpo en el que nos encontramos. Bajo esta definición, las diferencias de nacionalidades y etnias es irrelevantante.

La naturaleza de la realidad según varios científicos no es sólida, sino electromagnética. La realidad está compuesta por ondas que son interpretadas por nuestros sentidos como realidad sólida, así como las pantallas de las computadoras interpretan ondas wi-fi como texto, imágenes, videos, etc.

Muchas culturas antiguas revelan que la naturaleza de la realidad no es la que nuestros sentidos nos muestran. El mundo sólido es una interface que al igual que un control remoto, sólo muestra los botones del dispositivo, mientras oculta los circuitos electrónicos dentro de la carcasa.

No digo que esta teoría sea cierta, porque no lo sé. Nuestro entendimiento de la realidad está limitado por lo que nuestros sentidos nos muestran, pero si esta teoría es cierta, identificarnos como seres sólidos que pasan sus días trabajando no refleja nuestra identidad en absoluto.

Cuando abrimos nuestra mente a nuevas posibilidades y aceptamos que no sabemos nada sobre nuestros verdaderos orígenes, identificarnos con el aspecto biológico de nuestra existencia limita la posibilidad de aprovechar nuestras vidas al máximo.

Si supiéramos que vamos a morir en unos cuantos meses, ¿seguiríamos identificándonos con nuestra ocupación? Muchos cambiarían completamente el rumbo de sus vidas y se dedicarían a alinearlas con su verdadera esencia.

Vivimos como si nunca fuéramos a morir. No consideramos que cada segundo que pasa, nunca volveremos a ser tan jóvenes como el segundo anterior.

Uno de los mayores temores del ser humano morir. Ignoramos esta realidad que se aplica a todos, y dejamos que los días pasen, que nuestra juventud y energía se desvanezcan, haciendo actividades que no nos satisfacen, y que en la mayoría de las ocasiones sólo cumplen el propósito de mantener las apariencias.

Existe un excelente ejercicio para encontrar nuestra esencia, y consiste en preguntarnos qué haríamos si supiéramos que vamos a morir en poco tiempo.

Tenemos sueños que nunca cumplimos porque nos tienen persiguiendo una zanahoria durante todas nuestras vidas. Se nos vende la jubilación como el momento en el que por fin podremos disfrutar nuestra existencia.

El retiro representa la oportunidad de viajar, pasar tiempo con la familia que casi nunca vemos porque estamos ocupados trabajando, y representa el tiempo ideal para cumplir todos nuestros sueños.

Para muchos, el retiro nunca llega porque tiempo antes un suceso inesperado ocurre: enfermedad, muerte de seres queridos, problemas financieros, etc.

¿De qué sirve llegar a la jubilación si para ese entonces no tendremos la misma juventud, energía, ni a las personas que amamos?

Si el dinero no fuera un problema, sería más fácil encontrar nuestra esencia porque nos liberaríamos de las restricciones que no impone la falta de dinero. Muchos están obligados a trabajar porque no tienen otra opción. No hay tiempo para reflexionar porque las cuentas por pagar no esperan.

El tiempo tampoco espera.

¿Quién eres?

Eres consciencia teniendo una experiencia.

Tu experiencia en la tierra no debería limitarse a trabajar, pagar cuentas y morir.

La cultura de occidental alaba a quienes priorizan el trabajo sobre la familia y pasatiempos, y al mismo tiempo rechaza a quienes no trabajan porque se rehúsan a dedicar sus vidas a hacer actividades cuyo único objetivo es enriquecer a los dueños de empresas.

Jaime es vendedor y pasa los mejores años de su vida trabajando para que el dueño de la empresa compre un auto más lujoso cada año. A eso se reduce su existencia y propósito en la vida: ser un engranaje más en el sistema.

Me rehúso a desperdiciar mi vida sirviendo como un peón.

Ni siquiera la fortuna de Elon Musk me devolverá mi juventud y salud si decido seguir el camino del rebaño y buscar la jubilación a los 65 años.

Las mejores cosas de la vida son gratis, y no hay nada que me detenga de disfrutar lo que quiero lograr hoy mismo.

Una ventaja de ser minimalista es que no se necesitan cosas caras para ser feliz.

La programación de la matrix deja de funcionar cuando nos damos cuenta de que somos manipulados y que tenemos la opción de ignorar la publicidad y propaganda.

Como decía el ministro de propaganda de Hítler, Joseph Goebbels: “La propaganda se vuelve ineficaz en el momento en que somos conscientes de ella”.

¿Qué es lo que harías si supieras que morirás pronto?

¿Cómo te gustaría que te recuerden cuando mueras?

Al responderte estas preguntas, estarás un paso más cerca de encontrar tu esencia y entender quién eres realmente.